Chico Ocaña
Sigo a Chico desde Jambito, él era un mártir y yo un disfrutón de su compás, de ese “flamencobilly”, de esos alambres de tenderete vacilón sobre el que se dan el meneíto al ritmo de sevillanas, alegrías, reggae , blues, esas letras tan poéticas, surrealistas, irónicas… sabroso pucherito de la guasa gaditana. Canciones, coplillas, llenas de vida, aliento, sueños, desengaños, hechas con el arte popular de la barra de tabernilla . Siempre sinceras, con la verdad por delante, con la actitud de cambiar el mundo; Los tiempos are “chunguis” y, si la respuesta está en el viento, pues que sople con fuerza el Levante de Tarifa. Estejambo como no “speak” the ingles disfruta con el “spanish” del Dylan de San Roque.
El verdadero artista es libre y el de raza, además debe ser cañero. Es el arte del poeta al que puede que le llamen la atención para que se suba la bragueta pero no a lo que nunca estará dispuesto es a bajarse los pantalones o lo que es lo mismo, cerrar los sentidos para ser inservible ante la injusticia.
Por causalidades de fechas y destino , vino a los mandriles la noche de la genuflexión , la noche antes de las erecciones municipales, la noche de la esperanza perdida. Esa semana el pueblo, con el valor aguerrido, tomó su plaza harto ya de tanta verbena politiquera, de tanta pulserita con –todo-lujo-incluido-by–the-politic-face. Aburridos, del debate del nivelito de “telainco”, asqueados del derecho vitalicio de pernada y nada indig!ferentes ante tanto imputado y mucho puteado. Un pueblo que no entiende porque está castigado sin postre , condenado a hipoteca perpetua, y yo me pregunto… ¿Por qué la Banca siempre Gana?..¡Si este Tongazo no pasaría ni en los Casinos “Al Capone”!.
Bueno el caso que la “Sala Clamores” se puso hasta las trancas. Mucha gente soleada, como mi colega Mariano que vino bronceado, porque sólo los soñadores que no roncan pasan a la Acción. Chico nos demostró que esto no es un día , una semana, sino que es una carrera de fondo en la que hay que ser crítico con lo que está pasando y no sólo acordarnos de Rita la Zarzamora cuando la nevera está unplugged y el colchón en la cuneta.
Chico Ocaña sigue lúcido, fresco divertido , me gusta como me habla del amor, soledad, mentiras, del maltrato a la naturaleza, con esa cercanía y gracejo sureño. Chico nos hizo pasar un rato muy “flamencohappy”. Este Chico Ocaña cuando se sube al escenario es para lanzar el anzuelo hasta lo más jondo del corazón.

La foto en el escenario es de Ricardo Carrillo de Albornoz, clásico observador de la música en vivo desde la primera fila del patio de butacas. No dejéis de visitar sus links, es un lujo disfrutar de la diferencia ahora que todo el mundo hace fotos hasta con los pelos del sobaco.







No paras güey, abz