el riesgo de mear entre coches

Aunque he orinado en los servicios del bar hace un rato, en la calle vuelvo a tener ganas. La cerveza se expande; cuanto más bebes, más desalojas; si te bebes una “caña”, meas “un doble”, lo que sería un cholllo sino saliera tan caliente y con tan poco gas.

Venimos del mono, pero en este momento me siento rinoceronte. Recuerdo mi primera visita al parque zoológico, lo qué me impresionó la altura de las jirafas y el reptar de las culebras y el rugido del rey de la selva. Sin embargo, eso no fue nada comparado al rinoceronte cuando se puso a mear, ¡qué chorro!, se podría llenar un “Marina Dor’ina”.

Por seguir con animalidades he de contar que los mandriles también me impresionaron mucho.

Los heavys fuman entre sorbo y sorbo, y alivian la vejiga entre litro y litro. Por eso el grupo Mago de Oz, que no sabe nadar, sube un barco al escenario. Toda la tribu engullendo litros y litros de cerveza y claro, el que bebe pues mea. .

Elijo el sitio más discreto, entre unos coches aparcados. Me pego a uno de ellos y desabrocho mi cinturón y suelto el botón del pantalón y me bajo la cremallera. Miro a un lado y a otro por si se acerca alguien. Desenfundo, apunto y disparo. ¡Diana en el tapacubos! Pruebo lo lejos que soy capaz de llegar y, en un alarde artístico, tuneo el aire con bonitas serpentinas. Si tuviera a mano, es decir en la otra, una cámara y desde lo alto del coche alguien echara confeti, tendríamos una escena bucólica perfecta para un anuncio de colonia de “Dulce Galbana”.

El sonido de unos pasos que se acercan me devuelven a la realidad. Estoy meando un coche y voy a conocer a su dueño. Vendrá calentito, llevará el puto día con el coche de aquí para allá, soportando atascos, pitidos, insultos, amenazas, puños gitanos y brazos americanos. Para rematar el día vuelve a cambiar el papel de la hora y se encuentra a “estejambo” rociando las ruedas y complementos de su coche. No seré yo quien ponga freno a mis necesidades . Me transformo en aquel animal, en aquel rinoceronte de mi primera visita al zoológico.

-¡Es la rueda de mi puto coche! ¡Te voy a machacar¡.¡Te voy a cortar los huevos y te voy a mear en la cara a ver si te gusta hijo de putaaaaaaaaa! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay ya yay! que a gusto “mequedao”. Vale, no he jugado limpio; no venía nadie y el coche que he mojado es el mío, pero qué es la vida sin riesgo ni placer. Por eso una vez que meo, me la meneo….como los mandriles.

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2 Responses

  1. Anikila dice:

    Es más seguro mear de espaldas a una pared, en medio de la calle, no en la misma puerta del portal, sino un poco más abajo. Y cuando bajas la cabeza para sacudir las últimas gotitas, que no manchen las braguitas, cuando estás de cuclillas, pase uno de los vecinos, te dé en el cocorote al mismo tiempo que te grita pero so guarra vete a mear a la puerta de tu casa!!!!, y tú que acabas con la cara en la acera……

  2. Anikila dice:

    Imagino que la calle en la que estaban los dos coches, uno tuyo y el otro no, entre los que meabas primero y te la meneabas despues, no estaba en pendiente. Y alguno de los coches tenía el freno de mano quitado. Imaginas lo emocionante de una meada en estas lides, y de manera que al menearla después de mear, le des con el codo al susodicho vehículo, tuyo o no. ¡Ayayayayayayayay!!!!!!!!

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